Uno de los dominios de nuestra naturaleza es el del Ser, la Verdadera Naturaleza de Todas las Cosas, conocido también como: Absoluto, Océano, La Fuente, Vacuidad, Dios, Ser, entre otros nombres. Si bien lo estamos definiendo como un dominio, el Ser no se puede encasillar, ni clasificar, ni describir directamente, aunque podemos decir que es “de donde” surge la manifestación de toda la existencia.

En la profundidad de la Verdadera Naturaleza de Todas las Cosas no hay diferenciación, no hay individualidad, no hay identificación, no hay experiencia ni nadie que experimente, no hay manifestación, no es espacio ni tiempo, no cambia y es imperecedero; es simpleza pura. Es nuestra naturaleza en el nivel más profundo, naturaleza que no es individual. Esta dimensión sostiene la manifestación y se la considera como sus cimientos. Hay enseñanzas, algunas muy antiguas, que ponen su mirada en estos cimientos de la existencia.

En el Ser Absoluto no existe la expresión del alma individual, es lo que trasciende lo individual y las experiencias esenciales y también el ego. Se está más allá de la mente esencial y de la mente condicionada.

El Absoluto se puede conocer por experiencia directa. Es decir que es posible pasar de la conciencia que nos permite definir nuestra experiencia para disolvernos en una conciencia que no describe ni discrimina, en la que no existen los pensamientos, en la que trascendemos la dimensión de la experiencia aunque luego volveremos a la manifestación de la vida.

Hay muchas puertas que nos llevan a la conciencia del Absoluto, una de ellas es el silencio de la mente. Si somos capaces de aquietar la mente, liberándonos momentáneamente de la actividad del ego y abrir así la dimensión de la individualidad esencial, vamos a poder percibir el Absoluto sin estar disuelto en Él.

La paz y el silencio de la mente son experiencias esenciales, no se deben confundir con la Naturaleza Básica. En la profundidad de la disolución en el Absoluto estamos más allá de la experiencia. Cuando estamos disueltos en la profundidad del Absoluto no podemos pensar o articular que estamos disueltos, pero hay un tipo de conciencia distinta de la habitual que registra esa dimensión de disolución de lo individual de manera que cuando volvemos a nuestra conciencia habitual podemos saber que estuvimos trascendidos.

Darse cuenta de la Naturaleza Básica del Ser, el Absoluto, es parte importante del camino de evolución. Percibirla nos libera de toda la carga de nuestra personalidad condicionada y nos llena de calma, simpleza y una sensación de máxima armonía y confianza, todas experiencias esenciales.

Es el Ser Individuado, el Ser Esencial quien puede tener la percepción del Absoluto y lo puede integrar en el movimiento y la quietud de la vida. No existe separación entre el Ser Esencial y el Absoluto.